QUE ES THE WOW FACTOR ?

The WOW Factor es un nuevo concepto en consultoría que transforma pequeños emprendimientos en negocios exitosos. Mariana Rapoport y Cecilia Nigro, dos referentes del mundo de la hotelería y las tendencias, crearon una poderosa metodología que trabaja sobre los aspectos operativos y emocionales de un negocio.

Es el resultado de una exótica red que une a los profesionales más influyentes de la hotelería, gastronomía, interiorismo, arquitectura, marketing, ventas, comunicación, networking y management. Con un abordaje diferente y pensado a medida, evalúan exhaustivamente el ADN de cada emprendimiento, desde el funcionamiento general hasta los sutiles detalles responsables de lograr la fascinación del cliente. Asi, Cecilia y Mariana, como cabeza de un equipo, diseñan soluciones que disminuyen debilidades, identifican las amenazas, potencian fortalezas y aprovechan las oportunidades en un mercado cada vez más competitivo.

Cuando un emprendimiento puede generar una experiencia WOW, logra aumentar la ocupación y la rentabilidad, así como la fidelidad del cliente, que contagia su pasión a otros potenciales clientes, generando el poderoso boca a boca.
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miércoles, 17 de marzo de 2010

.: RESTAURANTES EFIMEROS :.


 The Pale Blue Door, Santiago de Chile
Ocultos, efímeros, militantes del circuito under. Algunos hasta se dan el lujo de ser nómades: se construyen en pocos días y se desarman en apenas unas horas. En las grandes ciudades están en auge estos proyectos gastronómicos anticonvencionales. Se los llama Supper Clubs, Guerilla dining, y Underground, Pop- up o Secret restaurants. Las modalidades son tan variables como su forma: funcionan un día a la semana, durante un par de meses en la misma dirección y están aquellas versiones de cortísima vida, corporizadas en los hábitats más excéntricos. Una carpa de circo, el taller de un artista, un parking en desuso, el living de un departamento y hasta una casa abandonada. Cada uno, a su manera, propone experiencias irreverentes, irrepetibles, a prueba de espíritus conservadores. Su mejor publicidad es el boca a boca, una invitación posteada en Facebook, mensajes vía Twitter, o un mail invitando a los amigos y reenviado a los amigos de los amigos. La dirección es siempre secreta y se conocerá recién después de cumplir con una serie de pasos exigidos.
 Pizzeria Paladar Hector, La Havana
Otro Paladar, de nombre desconocido, en La Havana
Restaurantes escondidos existen desde hace décadas. En París hace treinta años que Jim, expatriado norteamericano da de comer los domingos a desconocidos, en el living de su departamento del distrito 14. Durante los eternos años del appartheid, en el Soweto, ciudad satélite de Johannesburgo, se multiplicaron los restaurantes clandestinos en casas de familia. Vendían alcohol y comida y mantenían la estética hogareña para no despertar las sospechas de la policía. En este lado del Atlántico, Cuba presenta Los Paladares, su propia versión casera, ahora con la bendición del gobierno.

SEÑAS PARTICULARES
Son hijos de la recesión económica o bien nacieron para agitar el conservador mundillo gastronómico. Están destinados a un público ávido de nuevas propuestas, que suele pagar un precio recession-friendly por toda la experiencia. Las cocinas están dirigidas por chefs amateurs o por grandes maestros, funciona “off the record” y la mayoría carece de habilitación. 
 Foto Underground Restaurant, gentileza Ms. Marmite Lover
Entre los más famosos del mundo fichan el londinense Underground Restaurant de Ms. Marmite Lover quien abre las puertas de su casa para recibir a 26 comensales. También participan de la gran movida londinense, el Green Onion Supper Club, el Hidden Tea Room y el itinerante Rambling Restaurant que se arma todas las semanas en un enclave diferente: el depósito de un ferrocarril, una casa tomada o una playa de estacionamiento. 

 
Flyer SubCulture Dining by the Dissident Chef, San Francisco
 Mientras que en San Francisco, descolla el SubCulture Dining by the Dissident chef, una suerte de sociedad secreta de gourmands que operó en una variedad de lugares excéntricos, incluyendo una casilla rodante.
The Pale Blue Door dio un paso más largo cuando se convirtió en un restaurante vagabundo. Nació hace dos años en Londres, en la casa del artista Tony Hornecker, cruzó a Santiago de Chile y acaba de desembarcar en Buenos Aires. Diseñado por este escenógrafo inglés de buenas credenciales en el mundillo de la moda (trabajó para Stella Mc Cartney, las revistas ID y Vogue) abrió el fin de semana pasado en San Telmo y planea estar sólo unas noches hasta fines de mes.


 The Pale Blue Door, Londres
 Foto The Pale Blue Door,Santiago de Chile, gentileza Tony Hornecker

NOCHE PORTEÑA
Aunque ya hace un par de años que el fenómeno de restaurantes secretos llegó a Buenos Aires (Casa Félix en Chacarita, Almacén Secreto en Villa Crespo, Casa Salt Shaker en Barrio Norte, etc.) también experimentó tibiamente con su propio circuito de cenas itinerantes liderado por la organización apodada Las Noches Grimod.
Conocimos un par de estos emprendimientos a puertas cerradas pero la propuesta de conocer un restaurante vagabundo recién despertó nuestro interés cuando una amiga ibérica nos comentó de la llegada de The Pale Blue Door. Nos anotamos vía mail y allí fuimos la noche de su inauguración.  Una experiencia más que inquietante, aquí narrada bajo dos voces.
  The Pale Blue Door, Buenos Aires
SEGÚN CECILIA
"Mi amiga Lucía, periodista epañola radicada en Buenos Aires, me llamó para consultar dónde podía alquilar vajilla "vintage" para un restaurant que estaría abierto solo por un mes.
-“Un mes?”, le pregunté.
-“Sí”, me respondió, “es de mi amigo inglés Tony Hornecker. Hace dos años se embarcó en "The Pale Blue Door", un proyecto que surgió cuando se quedó sin, literalmente, una sola libra en su bolsillo y empezó a pensar como ganarse la vida, muy a lo British por supuesto. Tony –siguió diciendo- creó uno de los tantos restaurantes vagabundos que con cada vez con más frecuencia se ven en diferentes partes del mundo. Este restaurante itinerante se instala durante un mes en un lugar, prepara comida austera pero tiene una propuesta difícil de pasar inadvertida por su estética grunge/trash. Tony elige lugares de lo más raros, derruidos, inhóspitos pero súper divertidos”.

Me convenció. Fuimos a la carga el viernes a la noche, y sumamos a Marcela Naon, especialista en moda y retail de Wow Factor, sin saber dónde la invitábamos. El precio era $120 por persona “all inclusive”, que no sé si me pareció excesivo, pero preferí dejar de lado mis prejuicios y partir rumbo a la calle Carlos Calvo, en el corazón de San Telmo.
Raro, la puerta no existía. Por fuera se veía una casa del 1800, con todas las ventanas tapiadas con cemento y grafiteadas. Llamamos a un celular y nos indicaron que se entraba por un estacionamiento, oscuro, al lado de la casa. Un camino marcado sólo con velas "Ranchera" y de ahí en más nos dimos cuenta que era una de esas experiencias que no todos disfrutan pero que definitivamente al team WOW nos fascina!

No era un restaurant, no era una casa en pie, sino un lugar totalmente abandonado, una casona con gloriosas columnas, exteriores con dameros y habitaciones de techos altísimos que miraban a un patio interno. Me impactó la instalación, el lugar estaba intervenido, paredes pintadas, maderas que unían sogas y ruedas de bicicleta suspendidas a lo Duchamp, y una cuasi entrada, hecha con maderas de cajón de manzana y una luz celeste que iluminaba a la prefabricada “Pale Blue Door”.

El resto, fue toda una experiencia, desde el Drag Queen que nos recibió con un mega sombrero de símil leopardo hasta el simpático creador, Tony. La comida si bien no fue algo que recomendaría especialmente, constaba de una entrada con ensalada a la griega; principal de carne (a lo British y no muy well done, pero digna) con papas y una salsa de crema, vino blanco y tinto y un postre que no logro definir. ¿Eran duraznos con crema y crumble?

El show no fue sorprendente pero todo coincidía. El espacio, la comida, el lugar, la gente, todo muy alocado y definitivamente British (y, desde ya, no para todos). Me atrapó por lo diferente. No lo recomiendo para impresionables pero sí para gente que tiene una mirada cero prejuiciosa y muy estética, que le atrae lo "nuevo y poco usual". 
  The Pale Blue Door, Buenos Aires
SEGÚN MARIANA
Fui a la buena de dios, excitada con la propuesta, pero sin saber mucho de qué iba. Llegamos a las diez, media hora más tarde. Estacionamos justo frente a la dirección señalada: una casona tapiada, sin señales de vida.

Tres mujeres solas, una noche oscura, una casa abandonada, cero indicio de un restaurante secreto.
“¿Será una broma? ¿Nos equivocamos de calle y altura?”, seguí elucubrando. Cecilia llamó al teléfono del restaurante. Yo llamé a mi marido: “Si nos secuestran (¡Ja, que paranoia!), él sabrá dónde buscarnos”, pensé.
“Si nos pasa algo, estamos en Carlos Calvo al bla bla bla”, alcancé a decirle con un poco de vergüenza y corté en el preciso momento que nos abrieron el portón y vislumbré un oscurísimo playón de estacionamiento frente a nosotras. Desierto, obviamente.

Cristóbal, un chileno de unos treinta años, nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja y nos condujo por las penumbras hasta dar con este insólito restaurante armado en una magnífica casona en ruinas. Segunda escena tranquilizadora: estaba lleno  y la gente no mostraba signos de horror. No ví rostros familiares pero los pocos que descubría, tenían gestos placenteros. La gente comía y se divertía. Por fin me aflojé del todo. Y empezó el tiempo del disfrute.
Enseguida descubrimos a Tony, su creador que bandejeaba a la par de sus asistentes. Jean y zapatillas prolijas, cara aniñada, flaquito y amable, sin aires de grandeza y cero snobismo.
-“¿Cómo se te ocurrió armarlo?”, le pregunté.
-“Me estaba muriendo de hambre y no tenía para comer” me contestó.
-“¿Tu primer plato fueron papas y cebollas?, le retruqué con cierta ironía. No podía imaginar cómo financiaría su emprendimiento.
-“No”, me contestó en un inglés cerradísimo y entendí algo así como que había conseguido financiación.

Pasó de todo pero tampoco pasó nada extraordinario. Los platos de comida salían de una cocina improvisada en un cuarto derruido. El Drag Queen hizo su show tercermundista trepado a una tarima. Simpático. Dos parejas huyeron antes de probar el postre. Su mesa estaba pegada al “escenario”, sobre un enclenque andamio. “No es lo que imaginábamos”, nos dicen con una cara cruza de desilusión y espanto.
A la una emprendimos la retirada, casi todos al mismo tiempo. Se veían sonrisas de satisfacción y en otros, desconcierto. Nosotras, en cambio, disfrutamos de la experiencia. De la luz de las velas, de la escenografía surrealista, de la amabilidad de los organizadores. Pasamos por alto la incomodidad, los posibles riesgos de derrumbe y la comida. Y como Cecilia bien lo dijo, es una propuesta para pasar una noche diferente e irrepetible, dejando de lado los prejuicios y altas exigencias que le demandaríamos a cualquier otro restaurante.

Próximas fechas 18, 21, 25 y 28 de marzo a las 21.30. El menú ($120) incluye media botella de vino por persona. Previa reserva por e-mail se obtienen las coordenadas específicas de la casa en San Telmo. http://tonyhornecker.wordpress.com/

 

miércoles, 28 de octubre de 2009

.: THE WOW FACTOR EN FOOD & WINE MAGAZINE :.



WOW Factor está de fiesta: Food and Wine, una de las revistas más influyentes del mundo Gourmet de Estados Unidos (1.000.000 de ejemplares mensuales), convocó especialmente al team The Wow Factor para que, con su ojo experto, revele algunos de sus restaurantes favoritos en Buenos Aires.

Buenos Aires

F&W’s roundup of the best restaurants in Buenos Aires, from an excellent spot inside a museum to two sister parrillas (grill restaurants) just a few yards apart. For more great restaurants, check out our guide to the world’s best places to eat.
By Mariana Rapoport

Restaurants

Café des Arts at the Malba Museum

Best known as the Malba cafeteria, this bright glass dining room outfitted with Arne Jacobsen chairs and Eero Saarinen marble tabl es attracts a hip crowd of local painters and models (especially during weekend lunches). The contemporary French menu, by young French chef Jerome Mathe, focuses on freshly caught Argentinean and Chilean fish, as well as meat and poultry served with a choice of four sauces and side dishes.
We loved: Rib-eye steak with béarnaise sauce.

Felix Clásico

Politicians, trade-union leaders and top executives cross the Riachuelo River to the industrial suburb of Avellaneda to hold clandestine meetings in one of Felix Clásico’s two dining rooms—one filled with neon signs and newspaper clippings, the other lined with red velvet drapes. Chef Alfredo Joda’s repertoire of seafood ranges from Norwegian code fish to black hake.
We loved: Shrimp and squid with garlic; sole with tomatoes, basil and olive oil; salmon with a coriander-and-Chardonnay sauce.

La Bourgogne

For 16 years, chef Jean Paul Bondoux has been perfecting his classic French cooking with a continually updated menu in this formal-chic dining room near the National Museum of Fine Arts and the Palais de Glace Museum. More than half of the 500-label wine list is local, with bottles from the esteemed Mendoza winery Finca & Bodega Vistalba.
We loved: Chilean turbot cooked in a salt crust and served with a white butter sauce.

Le Mistral at the Four Seasons Hotel

Chef Matthias Zumstein’s small-plates menu is wide-ranging, merging Porteño and Mediterranean influences in dishes like an Argentinean-beef carpaccio with caper pesto.
We loved: Spiced-roasted jumbo shrimp.

Little Rose

At this trendy Palermo Soho spot, sushi takes on a Porteño point of view—most of the dishes are prepared with very fresh, lean salmon. Cinema is the theme: Films by Seijun Suzuki and Won Kar Wai are projected on the wall over the counter of the open kitchen, and industry heavyweights including Francis Ford Coppola and Sofia Coppola have dined at Little Rose.
We loved: New York Panko (salmon, cream cheese, rice and seaweed covered in crispy panko bread crumbs).

Lotus Neo Thai

Cecilia Carena recently moved her restaurant to a 1920s Italian-style house in the heart of the vibrant Chinatown, but she sticks to the same tried-and-true Thai dishes she’s been serving for the past 15 years. It’s a good thing her menu is as extensive as it is—including eight different curries—since Thai food is hard to come by anywhere else in the city.
We loved: Haw mak (salmon and shrimp in red curry); banana fritters with honey.

Parrilla La Cabrera and La Cabrera Norte

Local meat lovers split their time between these two sister parrillas (grill restaurants) just a few yards apart. The extra-large beef cuts—nearly two pounds each—are smoked over wood and come with 13 vegetable side dishes, including a pumpkin casserole.
We loved: Ojo de bife (rib-eye steak); bife de chorizo (sirloin strip steak).

Sottovoce Libertador

Although roughly half of the Argentinean population is descended from Italy, few restaurants in the city serve stellar Italian food. Sottovoce is the exception, thanks to chef Alejo Waissman, whose pastas—especially the stuffed handmade ones—are wonderful.
We loved: Bresaola with mozzarella di bufala; green tagliatelle with squid, prawns and spider crab with tomato sauce; pappardelle with mushrooms.

Tegui

Chef Germán Martitegui’s fourth restaurant only bears a tiny sign with its name on it; the rest of the spot’s facade is dominated by street art by Nicolás Monti. Inside the huge, 100-year-old loft space, Martitegui and his kitchen staff work in an open kitchen preparing an audacious, experimental menu—just four appetizers, four main courses and four desserts—that changes every Monday. A few recent choices: codfish foam and smoked mashed potatoes.
We loved: Veal fillet steak with farofa (tapioca); foie gras with brûléed pears.

TOMO 1 at the Hotel Panamericano

The cooking of sisters Ada and Ebe Concaro has been the standard-bearer of Argentinean cuisine for the past 38 years. With the help of Ada’s son Federico Fialayre, the meat dishes, prepared with ingredients like Patagonian lamb, suckling pig and water buffalo from the Entre Rios province, continue to be exemplary. The radically remodeled restaurant now has a chic new look and wine cellar.
We loved: Kingfish fillet with cashews and lime; passion fruit parfait.





lunes, 28 de septiembre de 2009

.: UNA BRUJULA PARA RESTAURANTES :.


Mundialmente, la tasa de fracaso de un restaurant ronda en el 80% ... increíble, no? Es decir, que a de aqui a un año, lo más probable es que queden sólo dos de cada diez que hoy están en marcha. Pero no todo son malas noticias. Todo emprendimiento gastronómico puede, con mucho trabajo tanto antes de la apertura y durante su funcionamiento, pertenecer al codiciado y selecto grupo del 20% exitoso.  Tema arduo si los hay, pero no imposible.

Un punto no menor y a la vez importante en el proceso de ser WOW, es empaparse de las nuevas tendencias que soplan del primer mundo y revuelven el universo gastronómico, para detectar por dónde rumbear. Cortito y al paso, acá van tres tendencias de lo más hip and chic, apenas exploradas en la Argentina, si está pensando en abrir un negocio gastronómico (fotos:material de difusión)



Las cantinas de lujo: espacios sociales para encontrarse con familia y amigos. La planta suele ser libre, equipada con grandes mesas comunitarias e individuales, y sillas y banquetas retro –algunas emulan el equipamiento del colegio- que evocan la aceleración y el abarrotamiento típico de un almuerzo estudiantil. Las paredes están revestidas con empapelados o con murales, y la iluminación es de diseño contemporánea combinada con  arañas de caireles. Son lugares cálidos, amables, con un servicio eficiente. Bebidas y comidas están diseñadas para ser compartidas: se sirven en platos x-large, en ollas y jarras. Un buen ejemplo es Fabbrica, en Rotterdam, Albion y St. John´s en Londres. 




  
Palacios dulces: exclusivamente a medida de golosos. Esta tendencia arrancó en Magnolia Bakery del Soho, con sus famosos cup cakes (remember  Sex & the City?) y empezó a desparramarse por el mundo. En Tokio hay dos deliciosos ejemplos: en the Candy Restaurant los chefs elaboran únicamente caramelos que se sirven en grandes platos blancos. Otro que le rinde culto al buen cacao es el Salon du Chocolat, diseñado por el estudio Wonderwall. Es un  restaurante elegante donde los comensales se sientan a degustar diferentes tipos de chocolate. Sin quedar atrás, el fabuloso clásico Laduree (en Paris, Londres, Suiza, Monaco, Tokyo y tantos otros rincones del planeta), es el templo de los macarons multicolores y el buen gusto desde mediados del 1800. En Buenos Aires aparecieron en los últimos tiempos modelos adaptados al gusto porteño. En Palermo H agendarse  “En el nombre del postre”, pequeño local para degustar in situ macarones, tortas, muffins, ganaches, chupetines, jaleas. A pedido del público, se vieron forzados a sumar algunas opciones de sándwiches. En Palermo Soho, fichar Muma´s cupcakes, éxito instantáneo de este gracioso y diminuto local especializado en mini tortas, bien al estilo americano. 


 



Salones clásicos y modernos: Un regreso a la sofisticación, elegancia y clasicismo. Esta tendencia surge como respuesta al aumento significativo de clientes que exige un regreso al viejo servicio con mozos eficientes y educados, que trabajan con eficacia pero sin nerviosismo.  Ejemplos,  Le Bar 228 (Hotel Le Meurice Paris, y el Plaza Athenee Paris, del mismo grupo) por Philip Starck // Barclay Prime (Philadelphia, USA) by India Mahdavi // Artesian Bar (Langham Hotel London) by David Collins Studio.





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